“To be occasionally quoted is the only fame I care for.”
Cuando las cosas se ponen serias
Mientras lees esto, cientos de mexicanos de tez morena se encuentran robando autopartes, llenando un cochinito y trabajando con la única finalidad de cruzar la frontera y comenzar una nueva vida. Cargando solamente con media trusa, 2 taparroscas marcadas y una antena parabólica, hombres y mujeres deambulan por el desierto desesperados, sin saber con exactitud en dónde termina Sonora y en dónde empieza Arizona. Muchos de nosotros hemos estado en el mismo punto en nuestras relaciones. Deambulando en un desierto social sin saber en qué momento nos acercamos al punto en el que la cosa se pone seria. ¿Cuál es la frontera entre una relación informal y una formal? ¿En qué momento un amigo se convierte en un PRETENDIENTE? ¿Cuándo sabes que tu novia es la buena para casarte? Y lo más importante: ¿Cuál es la edad mínima en la que una persona puede utilizar la palabra PRETENDIENTE?
Estudios indican que no hay un parámetro más fuerte para revelar que una relación va en serio como el que tu novio te lleve a conocer a sus abuelos. Ese par de ancianos son más exigentes que un cadenero newyorkino. Si eres mujer, generalmente te presentan en un evento familiar. Claramente nerviosa, te toca sentarte en la mesa junto a la abuela. Te sirve un agua de tamarindo y justo cuando la viejecita se dispone a rezar el rosario, tu cuerpo empieza a sentir una calidez emocional, un sentimiento que poco a poco fluye hasta llegar a tu corazón y lo estremece. Podría ser amor. Pero realmente sólo son unas fuertísimas ganas de hacer pipí. –“Ya valió madre…” te dices a ti misma mientras, despistadamente, checas el material de la silla en busca de impermeabilidad. En cuanto la abuela acaba el quinto misterio luminoso le preguntas: –“Disculpe señora… hmm… ¿Dónde está…EL TOCADOR?” La abuela hace una cara picosa y le apunta directamente a tu novio. –“jiji huercos cabrones.” Alto. No la juzgues… se le van las cabras. –“No no señora… eehm… el tocador de damas…” contestas penosamente. La anciana te dirige y tú entras corriendo, ignorando que la definición de tocador es: “Habitación que se usa para el peinado y el aseo personal.” En ningún lado la definición habla de un espacio para hacer siquiera un poco de pipí. La urgencia es cosa seria pero la pena de regresar a preguntar es aún más fuerte. Buscas soluciones pero tú y yo sabemos que sólo hay una… así que agarras vuelo y trepas todos tus kilos a ese lavabo de cerámica fina. Te acomodas y procedes con la descarga, pero justo antes de acabar… ¡BOOOOOM! El lavabo explota en pequeños fragmentos de cerámica cochina y termina reducido a polvo y escombros. -“¡NOOOOOOO!” gritas en cámara lenta mientras tus carnes descienden cual meteorito al suelo de ese pequeño tocador.
Tu novio y su abuela irrumpen en el cuarto y justo antes de preguntarte qué ha pasado, perciben un ligero olor a agua de tamarindo procesada. Tu novio sólo sonríe avergonzado… pero su abuela muere de pena. Literalmente Dios la arrebata en ese momento y se la lleva al más allá. No es fácil cruzar algunas fronteras.
Si eres hombre, sabes que debes llegar siempre preparado a casa de tu pareja. Nunca con necesidades pendientes. No seas como mi compadre Candelo que arribó a casa de su novia y vivió la peor pesadilla de todo hombre: La necesidad de hacer lo que los mayas sólo definieron en su calendario como: “#2.” Afortunadamente mi compadre no preguntó por el tocador. Desgraciadamente, justo después de terminar la difícil tarea, y en tiempo record, el individuo se percató de que el agua en la casa había sido suspendida por exceso de pago. –“Yaaa valio maaaaadree…” se dijo a sí mismo el poeta. La urgencia es cosa seria, pero la pena de salir en busca de una cubeta es aún más fuerte. Buscaba soluciones, pero tú y yo sabemos que sólo había una… calcetinazo. El guerrero, en un acto de desesperación, depositó el producto en uno de sus calcetines y lo arrojó al patio como bota vieja. A los perros les encantan las botas viejas. Justo al salir del baño, mi compadre se percató de que “Panquesito”, hermoso perro salchicha, jugaba con ese calcetín como un niño juega con una granada. Y, como era de esperarse: ¡BOOOM! La granada explotó. –“¡NOOOOO!” gritó mi compadre y se arrodilló en arrepentimiento. Intentó despistarle y decir que era un calcetín de vagabundo pero no le sirvió de mucho ya que, estilo cenicienta, era el único ahí presente portando solamente… un calcetín. La novia se avergonzó un poco… pero el pobre perro falleció. Dios lo arrebató de nosotros en ese momento.
Verdaderamente me disculpo por estos ejemplos tan traumáticos. Pero prometo ofrecerte una hipótesis al respecto y aquí va:
La frontera entre una relación casual y una relación formal no está en qué tan bien te lleves con su familia, el tipo de anillo que recibas o la calidad de regalos que compres. Son los pequeños detalles desafiantes los que verdaderamente demuestran la calidad personal de tu pareja. Cualquier persona que te ame y te respete después de haberte visto no solamente en momentos de alegría y fiesta, sino también explotando un retrete en mil pedazos, es probablemente la única persona que podrá soportarte cuando la vida te esté dando tus buenas cachetadas. Si no has encontrado a alguien así todavía, no te desesperes, hay más de un tocador por ahí mientras tanto…