“To be occasionally quoted is the only fame I care for.”
Las Relaciones Souvenir
Para tu abuela, el verano es la época del año en que sus hijos la trepan hasta el fondo de una Windstar 94’ y manejan cientos de kilómetros para que tú te diviertas mientras ella se orea en un chapoteadero, metida en el agua caliente con camiseta puesta, sus carnes ancianas flotando y un Huggies ultra-confort firmemente amarrado para no arruinarle la vida a ningún niñito nadador. Cada año, tú y yo estamos más cerca de tener que orearnos en un chapoteadero. Por esta razón, hay que tomar cada verano como una irrepetible bendición. Este artículo busca analizar uno de los factores claves para unas buenas vacaciones: “Las relaciones souvenir.”
Ya sea que viajes con tu familia, hagas un semestre en el extranjero, salgas de la ciudad con amigos o vayas a un retiro espiritual con el Padre Maciel, siempre hay algo que traes contigo cuando regresas: Nuevos amigos, nueva pareja, nuevos conocidos, nuevo free, alguna nueva enfermedad… x…no te juzgo. A diferencia de la abuela, nosotros vivimos en una época de decadencia moral en la cual, extrañamente, las vacaciones siempre terminan dando giros que van desde el descanso y la relajación emocional hasta la cruda, mala alimentación, intoxicación, desvelo excesivo, la quemadura solar y como olvidar:
La quemadura social: Eres la típica chava que tiene una “leve” obsesión con un compañero escolar. Cada mañana, con tu mochila de Hello Kitty en una mano, y copia de su horario en la otra, esperas al chavo afuera de la clase del maestro Candelo como una psicópata. Lo ves y sólo te atreves a lanzarle una sonrisilla picosa. El chavo no parece pelarte mucho, pero llega el verano y la vida los pone la misma fecha en la misma playa. Una noche, se topan saliendo del antro. Él, con la camisa rota y arrastrando una yarda de Bacardi. Ella, con un tacón en un pie y una pata de gallo en el otro, luciendo un tatuaje de Henna con la cara de Hello Kitty en el mero muffin-top. En ese momento, le lanzas la típica frase de psicópata acosadora: “HEEY… YO TE CONOZCO!…NO SÉ DE DONDE… PERO TE CONOZCO..” ¡Le sabes hasta la talla de trusa weeei! Pero x.. no te juzgo. La yarda de Bacardi puede más que la memoria y el wei sólo contesta lo que se puede transcribir al sobrio como: “¡YOH TAHMBHIEEHN MIRREINA… YO MÁS!” Después de horas de bailarle rabiosa como Shakira y de unos besotes en el cuello tipo Twilight, terminan paseando por la playa en la noche “buscando cangrejitos,” rodando en la arena, tatuando su nombre en tu muffin-top y jurándote amor eterno. Me encanta la palabra MUFFIN-TOP.
Al salir de la playa te percatas que alguien olvidó a tu abuela en el chapoteadero, y mientras la rescatas, te hace una de las preguntas más complejas de tu vida: “¿Mijita.. (te dice con sus ojos llenos de sabiduría y amor)… qué es ese moretón mamonsísimo que traes en el cuello?” ¡¡BOOOOM!! Afortunadamente leíste mi artículo sobre cómo responder a la humillación y contestas con toda la actitud: “Ayy abuela.. ME PICÓ UN JELLYFISH ¿ok?.. ¿Qué me dices de tu bronceado de taxista?”
Las relaciones souvenir son también, todas aquellas que innecesariamente trajimos con nosotros de un viaje y que, fuera del contexto de vacaciones, nos estorban mucho:
La playera: No está fea. Te la pusiste un par de veces durante el viaje..x…no te juzgo. Pero llegando a la ciudad, no la quieres ni para lavar el carro.
El llavero: Típico que lo conoces de vacaciones, comparten celulares y se te cuelga como niño cubano. No te deja de mandar mensajes ni de hostigarte en ese acento foráneo por Loudtalks (vaya que éste es un blog siempre actual).
La postal: La más guapa del viaje, después de que te bateó como si trajeras la influenza porcina, le pides que se tome una foto contigo. Regresas presumiéndole a la raza que te la regalaste como si fuera Navidad.
La vida se acaba rápido y las vacaciones terminan olvidadas en el fondo de un Memory Stick. Espero que siempre traigas contigo lo mejor de los lugares a los que vayas: la experiencia de la convivencia social. No hay mejor viaje, que el que se comparte. Y espero que cuando nos encontremos en alguna playa, oreándonos en el chapoteadero con playera, me puedas decir con tu voz anciana: “HEY… YO TE CONOZCO…”